Del por qué de la participación activa de la Plataforma Turolense por la Defensa del Sistema Público de Pensiones en los actos a celebrar con motivo de la huelga del 8 de marzo

REDUCCIÓN HASTA LA DESAPARICIÓN DE LA BRECHA DE GÉNERO EN LAS PENSIONES.

Tenemos una sociedad que lleva años demandando y enfatizando con la importancia de los cuidados de las personas más vulnerables, los hijos y personas dependientes, y aunque se intentó poner parches para lograr satisfacer una necesidad tan vital para la sostenibilidad de las personas, las familias y la sociedad. Son los mismos gobiernos los que castigan duramente a quienes se dedican al cuidado de esas personas, y que además de no percibir ningún salario por ese servicio, proporcionan un gran ahorro al Estado. Son las mujeres las más vulnerables llegadas a la vejez.

Aún que en la actualidad el sistema de Seguridad Social eliminó todos los sesgos explícitos por cuestión de género y adopta la misma fórmula para los hombres y para las mujeres en el cálculo de la prestación, puede darse a entender que ambas tienen los mismos derechos desde un punto de vista técnico.

Pero, si tenemos en cuenta, que las mujeres presentan trayectorias laborales más cortas, menos días de cotización, bases de cotización más bajas, trabajos peor remunerados, y además  diferentes estudios demuestran que la mayor discontinuidad  de su trayectoria laboral se realiza  principalmente con abandono del empleo  en las edades asociadas con la  maternidad y el cuidado de los hijos, mientras que en el caso de los hombres, su salida del mercado laboral tiene lugar sobre todo en edades asociadas a la jubilación…. produciéndose lo que se viene a llamar Brecha de Género, que no es ni más ni menos que la pensión medida de las mujeres es un 40% inferior a la de los hombres.

Y no solo se perpetúa la desigualdad, sino que además el envejecimiento tiene cara femenina,”feminización de la vejez” es que la mujer, aunque vive una media de 5 años más que los hombres, tiene menor nivel de salud y mayores posibilidades de acabar como dependiente y caer en niveles de pobreza.

Ésta brecha de género que deriva de que, en la práctica, los hombres y las mujeres asumen distintas responsabilidades de ámbito familiar y la lógica que se substrae tras el sistema de pensiones públicas premia a quienes no se vieron en la tesitura de interrumpir su trayectoria por atender a su familia, penalizando así a las mujeres que son, en su mayoría, las que se dedican a un servicio de marcado interés general y social.

La configuración del sistema de pensiones español, centrado en ser contributivo, en vez de aliviar las desigualdades de género en el mercado laboral las perpetúa, al penalizar gravemente a las personas que coticen menos años y por menos importe. Además las últimas reformas del sistema acentuaron esta brecha de género, agravándola considerablemente por la ampliación del periodo de cotización necesario para conseguir el total de la pensión de jubilación, aumentar el número mínimo de años cotizados,  aumentando la penalización de las lagunas de cotización y endureciendo las reglas de cálculo de la pensión en función de las cotizaciones.

Aunque, éste agravamiento de la desigualdad se intentó compensar concediendo periodos cotizados por hijos/as y por cuidado de dependientes, éstos cambios son irrisorios en comparación con la pérdida de las cotizaciones. Además, que nada puede compensar a las mujeres que nunca tuvieron criaturas ni piensan tenerlas, pero con el letrero “menos disponible para el empleo” que llevará en su frente durante toda su vida fértil y mientras continúe este sistema.

Es pues, una necesidad perentoria reflexionar sobre los efectos que provoca el actual sistema en las personas que dedican parte de su vida a cuidar los menores y las personas dependientes (actividad indispensable para la sostenibilidad de la sociedad) y posibles alternativas para superarlos.

Y se puede pensar que se compensa con pensiones no contributivas, aquellas que consisten en una renta mínima que debería garantizar una calidad de vida digna a todas las personas que carecen de otro tipo de pensión, si dicha pensión es de 365,90 €/mes solo demuestra la precariedad en la que viven muchas de las mujeres en nuestro país.

Es necesario cambiar la organización social para que todas las personas, incluidas todas las mujeres, puedan mantenerse en sus puestos de trabajo a tiempo completo de manera continua. Esto les concederá ingresos, derechos laborales y pensiones dignas, suficientes y en igualdad.

Si los servicios públicos de atención a la dependencia alcanzaran cobertura universal, ninguna persona tendría que sacrificar su empleo por los cuidados de larga duración. Si la jornada de trabajo máxima fuese 35 horas semanas, jornadas de trabajo flexibles , si la educación infantil desde los 0 años fuera un derecho universal, si se establecieran medidas para que los hombres asumieran la mitad de los cuidados (permisos iguales, intransferibles y pagados al 100%) , si el Estado aportara la cotización durante los años que la mujeres dediquen al cuidado de los menores o personas dependientes, otorgándole  un valor a dicha actividad equivalente al que se dedica el personal sanitario (enfermera, auxiliar de clínica…) al cuidado  y atención a las personas enfermas y personas dependientes y/o ancianas en residencias y asilos, buscar fórmulas que reconozca el valor aportado, no solo desde el punto de vista laboral sino también desde el servicio que se presta al conjunto de la sociedad desde el ámbito de la familia.

Si se reconociera la contribución que realiza la mujer al sostenimiento de la sociedad, por la realización de dichas funciones, nos acercaríamos a la plena igualdad, consiguiendo así una sociedad más justa, solidaria e igualitaria.

Un caso sangrante:

Pensión de viudedad para mujeres de más de 65 años que nunca cotizaron o lo hicieron en periodos insuficientes para tener derecho a una pensión propia.

Al fallecer el cónyuge la pensión que sostenía la unidad familiar se ve reducida en un 35%, teniendo que afrontar la viuda  los mismos gastos fijos que cuando vivía el marido, especialmente grave  cuando la pensión del cónyuge no era muy alta.  Así de una pensión de jubilación de 926 euros (pensión media en España en el 2017), su viuda, si no tuviese pensión propia, se le reconocería una pensión de viudedad de 602 euros.

Estamos hablando de un grupo de mujeres que les tocó vivir en una España donde al casarse estaba mal visto que la mujer no ocupara su papel de Ama de casa y donde las empresas incluso pagaban lo que se llamó la dote si abandonaban su puesto de trabajo.

Muchas viudas están entrando en el umbral de la pobreza debido a esta circunstancia.

La Plataforma Turolense Por la Defensa del Sistema Público de Pensiones se incorporará a las 11:45 en Los Arcos a la manifestación estudiantil que parte de la Ciudad Escolar así como en la manifestación general que saldrá de la Plaza de San Juan a las 19:30.

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Acerca de Mi cuidad: Teruel

Mi ciudad, trata de recoger mis inquietudes sobre la ciudad donde he nacido, crecido y vivo: Teruel
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